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sábado, 9 de mayo de 2009

No es pretexto

Tema: Pretextos

No, lo que pasa es que no creí que ya fuera sábado; como todo un día me la pase dormido, pensé que era viernes y por eso hasta hoy redacto esta entrada. No es pretexto… sólo me habían robado un día.

De verdad… te lo juro por esta, y si no me crees, pues por esta otra.

Además he estado muy ocupado viendo Milenio TV, porque hay que estar muy enterado de lo que pasa en el mundo. Ver Milenio solo tiene una razón: las noticias.

De ninguna manera lo hago por esperar el minuto 25 de cada hora, cuando sale Angie González, la chica del clima. Aunque siempre estar enterado de cómo estará el tiempo es muy útil. Angie me ha dicho cómo estaremos de temperatura, así puedo saber con un día de anticipación si me pongo sueter, playera o chamarra.

El querer saber si habrá sol o no de ninguna manera es un pretexto para ver la linda sonrisa de la regiomontana. No la veo porque me parezca sumamente sexy o el tonito cantadito de su voz me cautive.

Sería un pretexto decir que sus minifaldas me parecen un atractivo más en el canal, o que espero toda su sección para ver su despedida sumamente coqueta, con ese guiño travieso y ese movimiento juguetón de sus hombros. No, no son pretextos, sólo soy un hombre que quiere saber si lloverá o no… para cambiar los hules del limpiaparabrisas de “la micro”.

Es más, les dejo este video donde pueden ver que es muy profesional en su trabajo.


Y antes de irme, una canción que pide no haya más pretextos. Los señores de Soda Stereo con Prófugos.



Me apuro, que si no acelero, no llego antes del minuto 25 a la base.

viernes, 16 de enero de 2009

Sótano

Tema: ¡Arriba las manos!

--No quiero, dijo con voz apagada.

--Es que no te estoy preguntando.

--Pero es que… yo no quiero.

--Si no las subes va a ser peor.

--No hace falta que me las pongas, de verdad que no hace falta.

--¡Sube las pinches manos!

Levantó los brazos, lentamente, mientras él colocaba las esposas y la detenía de los tubos que cruzaban el techo de la pequeña y mal iluminada habitación.

--¿Me vas a pegar?

--Sólo si te portas mal.

--Entonces me voy a portar muy mal.

Estaba a punto de arrancarle la blusa, cuando la puerta se abrió de golpe y entró corriendo un niño.

--Papá, ¿por qué tienes amarrada a mi mamá?

--Por nada hijito, solo estábamos jugando… vete a tu cuarto.

--Te dije que baja mucho al sótano, pero no me hiciste caso… ¿no podemos coger en la cama como toda la gente?

viernes, 21 de noviembre de 2008

De base a base

Es viernes y hoy toca. Así sin más, como una ley no escrita, pero ley a fin de cuentas. Y para darle más valor, una Ley Natural, es decir, esas que no se pueden violar.

El Azar, el Destino, Alá, Roger Clemens, o como quieran llamarle, decidió que el viernes sea el encargado de operar este Microbus. No prometo que la ruta sea siempre la misma, es más no les prometo ser puntual, pues con este tráfico no se puede garantizar eso.

Lo que sí prometo, es publicar siempre lo que --de manera subjetiva-- creo que pueda tener uno o dos pares de ojos que atiendan hasta el final.

Sean bienvenidos a este primer viernes de ‘la micro’, y a este ejercicio de goce y placer. Favor de recorrerse al fondo, que hay lugares.

Tema: Trasporte Público

Sonó el timbre y se levantó para abrir. Era ella, con un ramo de rosas y esa hermosa sonrisa. Habían pasado un par de meses desde que había decidido irse de casa.

Jamás recibió la dirección de su nuevo departamento, un correo electrónico o una llamada que le dijera que estaba bien, si necesitaba algo o si le devolvería aquella sudadera que usaba como pijama.

Supo, por amigos en común, que tenía un amante y que parecía feliz a su lado.

-- ¿Qué quieres?, le preguntó de golpe, reflejando que aún estaba herido.

-- Que me perdones, dijo ella mientras salía la primera lágrima.

Se quedó callado y la invitó a pasar. Durante muchas semanas pensó que un día eso pasaría, que ella regresaría y le diría lo arrepentida que estaba... que había sido una estúpida al haberlo dejado... que lo amaba y que jamás podría estar lejos de él.

Escuchó una a una esas frases y más. A pesar de que sabía que eso se podría repetir una y otra vez, confió en ella, escuchó cómo le pedía que vivieran juntos, que formarán una familia, que él escogiera el nombre de los niños. Se besaban una y otra vez y terminaron sin ropa, fornicando en la sala.

De pronto sintió una mano en el hombro derecho que le sacudía fuertemente.

-- Joven, joven… ¡ya llegamos!