Mostrando entradas con la etiqueta clemens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta clemens. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de abril de 2009

El Clásico

“Tú me enseñas beisbol y yo te enseño relatividad… no, no debemos. Tú aprenderas relatividad mucho más rápido de lo que yo aprendería beisbol”.

Albert Einstein en el viejo Yankee Stadium

Siempre que leo o escucho la palabra “clásico”, inmediatamente mi cerebro produce la imagen de un auto vintage, rojo con blanco, descapotable, tipo MG, de esos a los que se podría subir de un sólo brinco El Santo, en cualquiera de las películas donde salvaba al mundo mundial.

Cuando la escucho precedida por el artículo “él” pienso en una sola cosa: la Serie Mundial de Beisbol… sí, El Clásico de Otoño.

Y es que el deporte de las inteligencias ocupa mi cerebro. El Rey de los Deportes, ese que apasionaba a Albert Einstein, a quien consideramos el hombre más inteligente que haya pisado este planeta. No hay más, no hay otro tope.

El científico calculó más de un millón de jugadas (combinaciones) posibles en un juego de nueve entradas. He ahí el porqué apasiona y crea magia en quienes pueden hacer un par de movimientos de ajedrez en el tablero conocido como diamante.

No es la simplicidad lo que despierta el interés. No es el enfrentamiento físico directo (como el boxeo, que también me fascina) lo que hace que se despierten las pasiones… es la actividad cerebral.

Si deseo disfrutar de un deporte que me haga gritar, pero no me encienda el cerebro, nada como otro Clásico, aunque pierdan mis Águilas. Pero si deseo tener un goce pleno, es momento de cantar “take me out to the ball game…”

Ojalá todos los meses fueran octubre…

viernes, 27 de marzo de 2009

Déjenlos en paz

Tema: Deportes

Creo, ciegamente, que el deporte consigue la reivindicación de la raza humana. Luego de ver las cosas monstruosas de las que son capaces los humanos, el deporte es lo que los salvará.

Estoy ligado a los deportes desde antes de nacer. Nunca he estado separado. No podría imaginar mi vida sin ellos. Tengo la oportunidad de que hasta en mi trabajo, sigo en deportes.

Es por ello que me molesta demasiado como, los aficionados, tratan al deporte. No lo tratan como el deporte a ellos. Y hay un tema en particular que me molesta demasiado, y esa es la cacería que se realiza sobre los deportistas que solo hacen lo que les exigimos.

En los años recientes los aficionados les hemos exigido de más a las estrellas. Queremos que sean más fuertes, que salten más alto, que metan más jonrones, que diario hagan una gran atrapada.

La calidad la tienen, y pueden hacerlo. Pero los huesos y los músculos no resistirían el hacerlo, a ese nivel, diario.

Queremos que ese receptor de la NFL, todos los juegos, nos regale esa gran atrapada. Queremos que ese jugador corra de segunda a home; que el jardinero salte y robe el jonrón.

Exigimos que hagan el Tour de Francia en menor tiempo. Nadie, en condiciones normales, podría pedalear tantos kilómetros a ese ritmo. El desgaste de un tenista es brutal. Avión, calificación, cinco partidos de más de tres horas, avión, otro torneo.

Y es entonces cuando necesitan tomar esa sustancia que les evite el morir. Y lo hacen. Y juegan. Y nos cumplen los caprichos. Y saltan más alto. Y corren más rápido. Y terminan el Tour sin morir en la montaña. Y hacen la recepción del pase de touch down. Y nos enteramos de que hicieron “trampa”. Y los quemamos en leña verde.

Lectores, la sustancia no les da el talento, ni la habilidad, ni el orgullo, ni el amor propio... con eso se nace… La sustancia solo les permite jugar diario, el estar listos para que nos regalen la magia que Dios les dio por nacimiento.

Un home run no se pega por fortaleza (sólo quien ha jugado lo sabe). Una sustancia no te hace que le pegues al balón de tres dedos, haga chanfle y se clave en la portería. Eso solo evita las lesiones, para que, nosotros que exigimos el máximo desempeño diario, podamos disfrutar.

Ya basta de crucificar a quien toma sustancias que nosotros les exigimos que tomen. Si queremos que dejen de tomarlas, entendamos que pasarán cuatro meses en recuperación de esa lesión, en lugar de un mes.

No nos molestemos si no pueden jugar diario y necesitan estar en la banca dos veces a la semana para descansar. No les exijamos que no se cansen.

Disfrutemos las jugadas que nos regalan, y sobre todo, seamos coherentes.

viernes, 21 de noviembre de 2008

De base a base

Es viernes y hoy toca. Así sin más, como una ley no escrita, pero ley a fin de cuentas. Y para darle más valor, una Ley Natural, es decir, esas que no se pueden violar.

El Azar, el Destino, Alá, Roger Clemens, o como quieran llamarle, decidió que el viernes sea el encargado de operar este Microbus. No prometo que la ruta sea siempre la misma, es más no les prometo ser puntual, pues con este tráfico no se puede garantizar eso.

Lo que sí prometo, es publicar siempre lo que --de manera subjetiva-- creo que pueda tener uno o dos pares de ojos que atiendan hasta el final.

Sean bienvenidos a este primer viernes de ‘la micro’, y a este ejercicio de goce y placer. Favor de recorrerse al fondo, que hay lugares.

Tema: Trasporte Público

Sonó el timbre y se levantó para abrir. Era ella, con un ramo de rosas y esa hermosa sonrisa. Habían pasado un par de meses desde que había decidido irse de casa.

Jamás recibió la dirección de su nuevo departamento, un correo electrónico o una llamada que le dijera que estaba bien, si necesitaba algo o si le devolvería aquella sudadera que usaba como pijama.

Supo, por amigos en común, que tenía un amante y que parecía feliz a su lado.

-- ¿Qué quieres?, le preguntó de golpe, reflejando que aún estaba herido.

-- Que me perdones, dijo ella mientras salía la primera lágrima.

Se quedó callado y la invitó a pasar. Durante muchas semanas pensó que un día eso pasaría, que ella regresaría y le diría lo arrepentida que estaba... que había sido una estúpida al haberlo dejado... que lo amaba y que jamás podría estar lejos de él.

Escuchó una a una esas frases y más. A pesar de que sabía que eso se podría repetir una y otra vez, confió en ella, escuchó cómo le pedía que vivieran juntos, que formarán una familia, que él escogiera el nombre de los niños. Se besaban una y otra vez y terminaron sin ropa, fornicando en la sala.

De pronto sintió una mano en el hombro derecho que le sacudía fuertemente.

-- Joven, joven… ¡ya llegamos!