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viernes, 1 de mayo de 2009

Influenzado

Nunca como hoy me gustaría tener el poder de que se hiciera mi voluntad a nivel mundial. Así podría hacer que todos los que piensan que la influenza es una cortina de humo, estuvieran contagiados.

Es increíble que sigan pensando que no existe, simplemente porque “no he visto a nadie enfermo”. Entonces, para que crean en la influenza, pues ojalá el virus se aloje en sus padres, hermanos e hijos. Así. Me recuerda a la actitud que se vivió en los 80 con el SIDA.

Ya encarrerados y con el poder de un dios, pues curaría a los que están enfermos, no’mas por gusto.

Cuando me enteré de que la OMS determinó la contingencia por influenza humana como Nivel 5, me di cuenta de que las medidas impuestas por el gobierno han sido las acertadas, pues esto no ha explotado como en Epidemia, cuando la mascota de Ross, Marcel, es el culpable de que todo Estados Unidos se infecte.

Me vi vestido con trajes amarillos y desinfectándome al llegar diario a casa. Afortunadamente no fue así, y lo único que tenemos que hacer en el trabajo es portar cubrebocas, guantes de latex y lavarnos las manos con alcohol al llegar.

Además de los enfermos y fallecidos, lo que duele es la cancelación de tantos deportes debido al posible contagio. Eso si me tiene muy triste. Ojalá se encuentre una vacuna pronto, pues ya quiero cantar playball.

viernes, 24 de abril de 2009

El Clásico

“Tú me enseñas beisbol y yo te enseño relatividad… no, no debemos. Tú aprenderas relatividad mucho más rápido de lo que yo aprendería beisbol”.

Albert Einstein en el viejo Yankee Stadium

Siempre que leo o escucho la palabra “clásico”, inmediatamente mi cerebro produce la imagen de un auto vintage, rojo con blanco, descapotable, tipo MG, de esos a los que se podría subir de un sólo brinco El Santo, en cualquiera de las películas donde salvaba al mundo mundial.

Cuando la escucho precedida por el artículo “él” pienso en una sola cosa: la Serie Mundial de Beisbol… sí, El Clásico de Otoño.

Y es que el deporte de las inteligencias ocupa mi cerebro. El Rey de los Deportes, ese que apasionaba a Albert Einstein, a quien consideramos el hombre más inteligente que haya pisado este planeta. No hay más, no hay otro tope.

El científico calculó más de un millón de jugadas (combinaciones) posibles en un juego de nueve entradas. He ahí el porqué apasiona y crea magia en quienes pueden hacer un par de movimientos de ajedrez en el tablero conocido como diamante.

No es la simplicidad lo que despierta el interés. No es el enfrentamiento físico directo (como el boxeo, que también me fascina) lo que hace que se despierten las pasiones… es la actividad cerebral.

Si deseo disfrutar de un deporte que me haga gritar, pero no me encienda el cerebro, nada como otro Clásico, aunque pierdan mis Águilas. Pero si deseo tener un goce pleno, es momento de cantar “take me out to the ball game…

Ojalá todos los meses fueran octubre…

sábado, 11 de abril de 2009

Un buen oficio


Tema de la semana: Trabajo

Manejar del sur de la ciudadmasgrandeybelladelmundo a Aguascalientes en cuatro horas y 20 minutos para llegar a mi trabajo demuestra el amor que le tengo.

Este viernes fue lo que hice. Y no es para menos. Para mí, el oficio con el cual me gano la vida cuando no estoy detrás del volante del micro, es algo tan habitual y placentero como comer.

No importan las horas de entrada ni las de salida… si pasaré un día fuera de casa o 10 meses fuera del país. Si hay que manejar cientos de kilómetros o volar por días.

Simplemente no entiendo a aquellos que lloran por no ver a su familia por estar trabajando. Me dan ganas de golpearlos, decirles que no sean mariquitas y que se comporten como hombres, que están ahí para ganar los ameros con los que su familia come, y que si no les gusta, pues que renuncien y se vayan a casa.

No quiere decir que no los recuerde… lo hago, pero entiendo que el trabajo, al menos el que escogí, es sagrado.

Una vez desperté en una habitación de hotel sumamente sobresaltado. Mi compañero de cuarto y de profesión se dio cuenta y me preguntó qué tenía.

-- ¿Dónde estamos?

-- En el cuarto, ¿estás bien?

-- Ya sé que en el cuarto y es un Hilton, todos son iguales, y ya sé que estamos de gira, pero ¿qué ciudad es? ¿qué carrera es?

-- Chicago wey, es Chicago…

-- Gracias… creí que era Wisconsin…

-- No esa es la que sigue… mañana nos dicen si volamos directo o regresamos a cambiar maletas… ya duérmete wey…

Y me dormí, sin darle más importancia; él tampoco lo hizo. No le causó extrañeza… tal vez él lo había sufrido antes.

Ese es nuestro trabajo… y lo amamos. No sólo es el que escogí, sino el que traigo en la sangre… lo que sé hacer.

Así que me retiro, que me voy a la pista… sí, a “trabajar”.

viernes, 27 de marzo de 2009

Déjenlos en paz

Tema: Deportes

Creo, ciegamente, que el deporte consigue la reivindicación de la raza humana. Luego de ver las cosas monstruosas de las que son capaces los humanos, el deporte es lo que los salvará.

Estoy ligado a los deportes desde antes de nacer. Nunca he estado separado. No podría imaginar mi vida sin ellos. Tengo la oportunidad de que hasta en mi trabajo, sigo en deportes.

Es por ello que me molesta demasiado como, los aficionados, tratan al deporte. No lo tratan como el deporte a ellos. Y hay un tema en particular que me molesta demasiado, y esa es la cacería que se realiza sobre los deportistas que solo hacen lo que les exigimos.

En los años recientes los aficionados les hemos exigido de más a las estrellas. Queremos que sean más fuertes, que salten más alto, que metan más jonrones, que diario hagan una gran atrapada.

La calidad la tienen, y pueden hacerlo. Pero los huesos y los músculos no resistirían el hacerlo, a ese nivel, diario.

Queremos que ese receptor de la NFL, todos los juegos, nos regale esa gran atrapada. Queremos que ese jugador corra de segunda a home; que el jardinero salte y robe el jonrón.

Exigimos que hagan el Tour de Francia en menor tiempo. Nadie, en condiciones normales, podría pedalear tantos kilómetros a ese ritmo. El desgaste de un tenista es brutal. Avión, calificación, cinco partidos de más de tres horas, avión, otro torneo.

Y es entonces cuando necesitan tomar esa sustancia que les evite el morir. Y lo hacen. Y juegan. Y nos cumplen los caprichos. Y saltan más alto. Y corren más rápido. Y terminan el Tour sin morir en la montaña. Y hacen la recepción del pase de touch down. Y nos enteramos de que hicieron “trampa”. Y los quemamos en leña verde.

Lectores, la sustancia no les da el talento, ni la habilidad, ni el orgullo, ni el amor propio... con eso se nace… La sustancia solo les permite jugar diario, el estar listos para que nos regalen la magia que Dios les dio por nacimiento.

Un home run no se pega por fortaleza (sólo quien ha jugado lo sabe). Una sustancia no te hace que le pegues al balón de tres dedos, haga chanfle y se clave en la portería. Eso solo evita las lesiones, para que, nosotros que exigimos el máximo desempeño diario, podamos disfrutar.

Ya basta de crucificar a quien toma sustancias que nosotros les exigimos que tomen. Si queremos que dejen de tomarlas, entendamos que pasarán cuatro meses en recuperación de esa lesión, en lugar de un mes.

No nos molestemos si no pueden jugar diario y necesitan estar en la banca dos veces a la semana para descansar. No les exijamos que no se cansen.

Disfrutemos las jugadas que nos regalan, y sobre todo, seamos coherentes.

viernes, 13 de febrero de 2009

Sin límites

Tema: Besos y abrazos

Nunca he estado a favor que el amor y la amistad tengan un día para celebrarse. Me parece que es limitar algo que realmente no debe de tener límites.

En los últimos meses he conocido a unas cuantas personas que me han cambiado la vida y que se han convertido en seres sumamente importantes para mí.

Entre los choferes de este microbús hay algunas de ellas, a quienes puedo llamar amigos. Y sin embargo no creo hablarles este 14 de febrero, o mandarles un mail diciéndoles lo mucho que los quiero.

Eso se los digo en cada broma, en cada zape, con cada cerveza o vino, en cada carcajada o en los abrazos que les doy cuando llegamos a coincidir.

Y ni que decir de esos amigos entrañables que me rodean, o esos a los que la vida se ha encargado de poner distancia física, pero siempre están cerca. Esos siempre serán parte del motor que diario me ayuda a seguir.

Sin embargo hay un par de personas que se han ganado un lugar en esa categoría muy rápido. En apenas un par de semanas han llegado a mi vida y gracias a su sinceridad, inteligencia o gustos en común, ya son parte de mí.

No sé si se quedarán en el departamento amistad o en el del amor, pero si sé que las quiero a mi lado por mucho tiempo. Para ellas no necesito un día, sino miles, pues cada beso o abrazo que les doy sigue siendo poco para demostrarles lo importantes que son.

Esta semana inició con una reunión no planeada, una fecha que no tenía ninguna marca en el calendario y donde las risas y sus abrazos me llenaron, me dieron vida.

No creo en el 14 de febrero… pero siempre creeré en mis amigos… y en ella.

*Con el pretexto de tan ñoño tema, les dejo estos videos, que desde hace muchos años me acompañan y me demuestran que nuestra publicidad seguirá siendo mala mientras no nos permitan arriesgarnos.



viernes, 30 de enero de 2009

Revoloteos en la panza


Tema: Mariposas en el estómago

Solamente dos veces he sentido mariposas en el estómago. La primera fue hace mucho tiempo… tenía tres años. Estábamos en Liga Tranviarios, pues iba a jugar beisbol (sí desde esa edad) y de pronto llegó la sensación de que me revoloteaban decenas de mariposas.

Mis padres no le dieron importancia y pensaron que ese día no quería entrar al diamante, me dormí, y desperté unas horas después, con millones de mariposas tratando de salir.

Luego de un par de visitas al hospital, terminé internado y sin apéndice, aunque con un panda de peluche que me acompañó un par de años más.

La segunda fue cuando iba en secundaria. Tenía que ser amor… seguro era amor. Escuchaba a mis compañeritas platicar que cuando uno se enamora sentía “mariposas en la panza” y eso sentía. Seguro era ella. Se sentaba a mi izquierda y era sumamente hermosa. Sin embargo seguía con las “mariposas” por las tardes, por las noches y los fines de semana que no iba a la escuela... y que no la veía.

La sensación no duró mucho, resulta que tuve una peligrosa y casi mortal infección intestinal que me mandó a la cama por una semana, con inyecciones tres veces al día. Incluso un par de compañeros fueron a casa a visitarme… y a llevarme la tarea.

Desde entonces no quiero sentir a las famosas “mariposas”.

viernes, 23 de enero de 2009

De sueños


Tema: Sueños y pesadillas

Desperté con la frente aperlada y el corazón a más de 100 pulsaciones por segundo. El sueño había sido tan real que aún despierto seguía dentro de la dinámica y volteando a todos lados, para buscarla.

Mis sueños siempre han sido así. Puedo sentir las texturas y recordar los colores (aunque algunos digan que se sueña en blanco y negro). Los olores son más intensos que en la realidad. Es como si todas las sensaciones estuvieran aumentadas… al cubo.

Hay días en los que –incluso-- tarareo por horas la canción que fue parte del sueño. Es peor cuando es una pesadilla, pues mi cerebro se involucra más que de costumbre.

Con los sueños siempre hay algo de mí que sabe que son eso, sueños, e incluso a veces puedo alterar, a conveniencia, el rumbo de la historia. Con las pesadillas me siento como un espectador.

Cuando niño tenía ese sueño. Clavaba una y otra vez los spikes mientras giraba los talones y movía los dedos de las manos apretando fuerte el bate. Era como una película, pues había dirección de cámaras… close up a las guantaletas… corte al casco y una mano acomodándolo… corte al pitcher que tomaba la pelota por las costuras… corte a la mascota del catcher… corte al bate comenzando a moverse (en cámara lenta) y haciendo contacto con la pelota.

Contrapicada y la pelota volando hasta vencer la barda del Yankee Stadium… corte a cámara fija y el McCoy corriendo el diamante con el brazo en alto mientras los Yankees salían del dugout a esperar a que pisara el home para festejar el triunfo del séptimo juego de la Serie Mundial.

Aunque tiene años que ya no se presenta ese sueño.

Últimamente he soñado con ella. Con esa tarde/noche en la que recargó su cabeza en mi hombro mientras veíamos la lap en ese café. Sus ojos llenos de brillo y esa sonrisa acompañada de un “¡McCoy!” para que ya no continuara la broma.

Sueño que deja su carro en el estacionamiento y que, por vez primera, quiere compartir el viaje en el rompecabezas… y después despierto, aunque no siempre a tiempo para tomar las llaves de ‘la micro’ y sacar lo de la cuenta.