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sábado, 30 de mayo de 2009

El mundo es un pañuelo… con los mismos 10 mocos

Tema: Efecto Kevin Bacon o seis grados de separación

Contexto:
En Estados Unidos se dice que Kevin Bacon ha hecho tantas películas, que prácticamente ha actuado con todas las estrellas de Hollywood, o que al menos hay vínculos con todos. Para demostrarlo, se creó un juego en el cual alguien dice el nombre de un actor y se tiene que llegar en el menor número de pasos a Kevin Bacon. Por ejemplo:

Hugh Jackman en 2006 hizo la peli The Prestige, donde salía Rebecca Hall, quien en 2008 hizo Nixon con… Kevin Bacon.

Así, se dice que entre dos cualesquiera en el mundo, hay un máximo de seis pasos, los famosos seis grados de separación.

Caso 1:
McCoy circula por la lateral de periférico y unos gritos-cánticos le hacen voltear a los carriles centrales. @manchita, a quien había conocido en una reunión días antes, tenía una fiesta en su bólido. McCoy le grita de auto a auto en medio de este gran tráfico-estacionamiento. Se saludan, platican. @manchita llega a su escuela y le platica a su maestro, Mario, lo que acaba de vivir. Él le dice: yo conozco a ese amigo tuyo, trabajamos dos años juntos en EsMas, salúdamelo. McCoy y Mario comparten fecha de cumpleaños: 20 de noviembre.

Caso 2:
McCoy asiste a una presentación de prensa. Una de las PRs comenta que estudió en la UIC. “Muchos de mis mejores amigos estudiaron ahí… Bloo, Wally, Mau…”, dijo McCoy. “Los conozco a todos. No son de mi generación, pero los conozco”, responde ella. Y sí, se conocen, y se llaman, y ahora comparten un colectivo. Semanas después, ella dice: “Tiene años que no veo a mi amiga Blanca, mi mejor amiga de la infancia”. McCoy responde… yo conozco a una Blanca… iba conmigo en la universidad, fue a la parrillada que di en mi casa al graduarnos, la quería mucho. Sí… es la misma Blanca.

Caso 3:
Rebeca le explica a McCoy como llegar a su casa. “Das vuelta a la izquierda y…” entonces McCoy interrumpe: “Ya sé por dónde. Ahí hay un mercadito, en la calle de atrás vivía mi mejor amiga de la universidad, mi casi hermana, se llama…” Y los dos dicen al mismo tiempo: Marlene. “Ok, es en la misma calle de Marlene, cuatro casas más. La mamá de Marlene y la mía eran casi hermanas, acá te cuento”.

Caso 4:
McCoy conoce a Mariana y de la nada se ponen a platicar de PRs. “¿Conoces a Oscar?”, pregunta ella. “Claro es un tipo súper buena onda, me cae muy bien, años sin verlo, pero sí, hace como 10 años que lo conozco, manejaba la cuenta de un equipo de F1, el BAR… blah blah”, y siguen platicando. Días después McCoy ve a Mariana en el Foro Sol, con Oscar… “Ya conoces a mi hermano, ¿no?”… y McCoy da gracias de que sí le caía bien y habló cosas chidas de él.

Faltan entradas para continuar con estos casos, pero para terminar: Kevin Bacon hizo en 2007 una pelí que se llama The Air I Breathe, con Victor Rivers, quien en 1998 filmó La Máscara del Zorro, donde sale la querida Vanessa Bauche, a quien McCoy le hizo la prensa de Bajo Juárez en 2008. The Kevin Bacon Game.

sábado, 18 de abril de 2009

Demandado

La notificación de que había sido demandado llegó de la nada. “Abandono de trabajo”, decía en la parte alta de hoja. No lo podía creer. Era la primera vez en la historia del país, que se daba algo así.

Debía haber un error. No había abandonado su trabajo nunca. Revisó las bitácoras, pues afirmaba ser quien más días de trabajo tenía, y así fue, sin embargo descubrió algo.

No por ser el que más había trabajado significaba que no había faltado. Ahí estaba el registro, con tinta roja: Una falta.

No por una falta me van a decir que abandoné mi trabajo, pensó.

Pero en efecto, por una falta, había sido demandado. Hay personas que faltan más, y nadie les dice nada. Sí, pero justifican su ausencia, la anuncian, piden permiso. Sus preguntas eran respondidas por él mismo.

Los nervios le golpearon, sintió preocupación, después vergüenza. Había fallado. Tomó la corbata del retrovisor, la anudó cuidando la simetría y fue directo al juzgado.

Luego de tres horas de explicar sus puntos, el veredicto: Culpable.

Su condena, poner más atención en su ruta y en su pasaje. Sonrió, esa no era una condena, sino un premio; seguía con trabajo, y justo el que le gustaba. Pero había más, tenía que hacer que las rutas salieran diario… algo tendría que hacer para lograrlo… afortunadamente, contaba con un gran chalán.

sábado, 11 de abril de 2009

Un buen oficio


Tema de la semana: Trabajo

Manejar del sur de la ciudadmasgrandeybelladelmundo a Aguascalientes en cuatro horas y 20 minutos para llegar a mi trabajo demuestra el amor que le tengo.

Este viernes fue lo que hice. Y no es para menos. Para mí, el oficio con el cual me gano la vida cuando no estoy detrás del volante del micro, es algo tan habitual y placentero como comer.

No importan las horas de entrada ni las de salida… si pasaré un día fuera de casa o 10 meses fuera del país. Si hay que manejar cientos de kilómetros o volar por días.

Simplemente no entiendo a aquellos que lloran por no ver a su familia por estar trabajando. Me dan ganas de golpearlos, decirles que no sean mariquitas y que se comporten como hombres, que están ahí para ganar los ameros con los que su familia come, y que si no les gusta, pues que renuncien y se vayan a casa.

No quiere decir que no los recuerde… lo hago, pero entiendo que el trabajo, al menos el que escogí, es sagrado.

Una vez desperté en una habitación de hotel sumamente sobresaltado. Mi compañero de cuarto y de profesión se dio cuenta y me preguntó qué tenía.

-- ¿Dónde estamos?

-- En el cuarto, ¿estás bien?

-- Ya sé que en el cuarto y es un Hilton, todos son iguales, y ya sé que estamos de gira, pero ¿qué ciudad es? ¿qué carrera es?

-- Chicago wey, es Chicago…

-- Gracias… creí que era Wisconsin…

-- No esa es la que sigue… mañana nos dicen si volamos directo o regresamos a cambiar maletas… ya duérmete wey…

Y me dormí, sin darle más importancia; él tampoco lo hizo. No le causó extrañeza… tal vez él lo había sufrido antes.

Ese es nuestro trabajo… y lo amamos. No sólo es el que escogí, sino el que traigo en la sangre… lo que sé hacer.

Así que me retiro, que me voy a la pista… sí, a “trabajar”.

viernes, 9 de enero de 2009

¡No caigan en provocaciones compañeros!

Tema: Marchas, plantones y manifestaciones.

No tolero las marchas que no se realizan con el puño en alto y la consigna: ‘¡Esta mano sí se ve, esta mano sí se ve!’ o ‘El pueblo unido, jamás será vencido’. Si no hay una pancarta que diga ‘La tierra es de quien la trabaja’, simplemente no es una marcha… es un estorbo.

Y las peores son las marchas que son convocadas por los ‘poderosos’, esas en las cuales se pide ir vestido de ‘blanco Lacoste’ y con sweter amarrado el cuello.

Las marchas deben existir; son igualitarias, nos recuerdan que nosotros somos el poder y que debemos exigir al gobierno que hagan lo que no están haciendo. ‘Queremos solución a nuestra petición’.

Solo las marchas sociales deberían de existir. De lo contrario, están destinadas al fracaso, como la famosa ‘marcha para la paz’, que sirvió, en cambio, para que aumentara la delincuencia en un 17% ese día. O que en plena manifestación se hiciera el pago de un rescate y la entrega del secuestrado.

Además de que detuvieron el tránsito por horas. Y si a eso le sumamos que la ciudadmasgrandeybelladelmundo vive en obras, no terminamos de avanzar.

Si la ciudad fuera un ser humano estaría todo el tiempo en el quirófano. Siempre hay una construcción camino a nuestro destino, lo que hace que haya menos carriles para circular con la micro.

Este video lo tomé mientras iba al taller a que le dieran una checada a la micro. Observen como el pie pasa más tiempo en el freno que en el acelerador, y en las pausas vean el tránsito en pleno Periférico, que se supone, es una vía rápida.



Por ello no debe de faltar en el vehículo el kit para enfrentar las marchas, plantones y manifestaciones: música y teléfono. Los chilangos hemos convertido nuestros autos en extensiones de la oficina.

Es increíble la cantidad de juntas que he tenido en el auto. Acúsome que por un buen tiempo mi copiloto era la lap. Y mi mejor aliado una 3G. Esos tiempos han quedado atrás y ahora la cámara de mi celular es la que me entretiene al documentar lo que pasa en las calles.


Con ella puedo enseñarles como la economía de muchas familias se beneficia con las marchas y plantones, como se puede ver en esta foto, donde hay vendedores ambulantes en los carriles centrales de Periférico, como si estuvieran a la mitad de un concierto o un partido de futbol.
A nadie nos gustan las marchas, y cierto, en su mayoría son inútiles, pero mientras nuestro país (nosotros) ignore las causas sociales y los problemas que tenemos, nos seguimos enfrentando a ellas. Así que preparé sus 10 pesos de cuota, para comprar las gorditas de Periférico, justo debajo de Reforma.

viernes, 26 de diciembre de 2008

De chile, de dulce y de manteca

Tema: Jefes

Un jefe debe tener mayores conocimientos que sus subordinados, ser un líder y -en términos prácticos y directos- ser el mejor de los de la oficina.

He tenido jefes que me han hecho llegar a la cima de mis diferentes actividades, y es a ellos a los que les agradezco lo que soy. Aún en la universidad, ya era ‘zapeado’ e instruido por el gordo Rivapalacio, MAO y Toño, quienes me iniciaron en el oficio más hermoso del mundo.

Luego de estar con auténticas vacas sagradas del periodismo, llegué a una empresa donde la única valía de mis jefes era que, como no sabían un carajo de lo que yo hacía, me dejaban en paz y en total libertad.

Fue en ese momento cuando me empecé a cuestionar sobre su valor como jefes. No tolero que mi jefe sepa menos que yo. Es absurdo, es ridículo, es estúpido.

Y ese fue el inicio de una serie de jefes que simplemente no llenaban lo que se necesita para esa encomienda. Desde el que, en plenos Juegos Olímpicos y luego de que nos avisaran que no tendríamos los derechos de transmisión, me pidió que le hiciera una lista por adelantado con los 20 reportajes/entrevistas que haría en los siguientes 20 días, hasta la que me preguntó que por qué era necesario un calendario de planeación en un lanzamiento de producto, en una agencia de publicidad.

Y es que en nuestro país no importa si eres el que más sabes, sino el ser amigo de los de arriba. Así encontramos a una editora de espectáculos que es diseñadora y pregunta que si las bandas Caifanes y Jaguares se iban a unir para una tocada de aniversario; un jefe de deportes que pregunta que si Cy Young era pitcher (el trofeo al mejor pitcher en Grandes Ligas casualmente se llama Cy Young, como dato informativo), un dueño de canal deportivo que pregunta que si es muy importante que Schumacher haya ganado siete títulos mundiales y… bueno, la lista luce interminable.

Hoy rescato lo bueno de mis jefes, y siempre que lo he sido me he preocupado por algo muy sencillo: ser el que sabe más que los de la oficina. Una vez que consigues eso, vas de gane.

Ahora que, como en México cada vez hay menos vacas sagradas a las cuales aprenderles, llevo años siendo mi propio jefe. Si bien no dejo de aprender al seguir estudiando y leyendo a los mejores del mundo, mi beneficio es no escuchar preguntas estúpidas de quienes llegaron por azar al escritorio más grande de esa oficina.

Así, hoy me preocupo de juntar lo de la cuenta en cada corrida y de llevarlos a la base, sanos y salvos.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Volante


Tema: Primer trabajo

Creo --porque a esta edad la memoria suele omitir recuerdos-- que mi primer trabajo fue en el Club de Golf México. Vaya, la primera vez que me pagaron por hacer algo, y que no fue mi familia.

Tenía que poner actividades al grupo de niños inarticulados que no salieron de vacaciones (aún no sé porqué los hijos de pudientes son tan brutos para las actividades físicas). Yo, más que un trabajo, lo veía como la oportunidad de tener dinero para invitar al cine a aquella niña de la prepa.

Cuando terminaron las vacaciones ya me había acostumbrado a tener más dinero en la cartera que el que me regalaba mi padre (no’mas por ser su cachorro) y sabía que tenía que conseguir, ahora sí, un trabajo de verdad.

Pensé en dar horas de entrenamiento en el beis, en pintar cuadros y venderlos y hasta en ser cobrador de ‘micro’ (¿así o más irónico?).

Finalmente encontré una tarea que sólo me ocuparía unas horas por la tarde, repartir publicidad de ANV San Jerónimo, es decir, cerca de la casa.

Estaban de moda esas bolsitas para la basura en los autos y se les ocurrió imprimir en esas bolsas la publicidad de la Acuática. Y ahí estaba el McCoy, caminando por las calles cercanas metiendo las bolsitas al buzón. Al tercer día todas las casas de la zona tenían bolsitas, necesitaba una nueva estrategia.

Y fue cuando pensé en el cruce de SanJe y Periférico. En cada alto veía a todos mis vecinos que, al recibir las bolsas, me intentaban dar monedas. Pensaba “cualquiera de estos conoce a Nelson y le van a decir que recibo lana por sus bolsas y me va a correr”, así que las rechazaba con el discurso moralista y ético de: “No señor, gracias, es mi trabajo”.

Todo iba de maravilla hasta que pasaban por el cruce Nelson hijo, Fernando y mi hermano, bajaban el vidrio del auto estirando la mano, y cuando estaba a punto de darles la bolsa, aceleraban; daban vueltas en “U” en la Glorieta o cualquier cosa que me hiciera correr.

No sé cuantas veces me secuestraban para ir por pizza y me quitaban los fajos de bolsas, para decirme “hoy ya acabaste, ve con Willy (el gerente de SanJe) para que te de tu cheque”.

Después vinieron las redacciones, las agencias, los foros y finalmente las llaves del micro, sin embargo, cada que me toca la ruta que pasa por ese semáforo, estiro el brazo y recibo los volantes (flyers, publicidad)… total, el pasaje puede esperar a que le cobre.