sábado, 31 de enero de 2009

Chofi invitado - Mariposas en el estómago

Emepetrés mariposón
Texto: La Cordero*
Sí, mire, le venimos ofreciendo las cien, las cien canciones más románticas de la historia. Contiene éxitos como "Eclipse total del corazón", el tema del Titanic, "Siempre te amaré" con Güini Jiuston y varias más, en formato emepetrés. 10 peso le vale, 10 peso le cuesta. 
"Turn around, every now and then I get a little bit lonely... BEEP... Once more you open the door and you're here in my heart and my heart will go on and on... BEEP... And I will always love you, I will always love youuuu, You, my darling youuu, hmmm... BEEP". 
Y es que cuando uno se enamora a veces llega a creer que esas cursis canciones en realidad son románticas. Bleagh. Lo cursi me llega a empalagar. 
Pero eso sí, no cambio por nada la sensación de cosquillitas en las entrañas cuando uno está en el proceso del apendej... digo, enamoramiento. Ajá. Ese momento en que estás conociendo a alguien, que hay salidas frecuentes, que empiezan a contarse su vida y encuentran un montón de coincidencias afortunadas. 
Esa sensación que, comúnmente, llaman mariposas en la panza. Porque sí, así se siente cuando sabes que vas a encontrarte con esa persona que te emociona, que te hace reír, que te mira con ojitos de Bambi, y te dice cosas bonitas al oído. 
No sé si sean mariposas. A veces parecen colibríes porque aletean demasiado rápido. Quizá es porque se espera con más ganas ver a la persona que provoca que se alboroten los insectos estos que tenemos en la panza. 
Y entonces uno sonríe como tonto. Y aprieta los labios. Y espera que las mariposas o los colibríes o lo que sea que aletee ahí dentro no se escape, para que la sensación dure, dure mucho, y si es posible no acabe nunca. 
Sí, mire, productos de alta calidad le trae a la venta la crema de veneno de abeja para esos dolores musculares, para la inflamación. 20 peso le vale, 20 peso le cuesta. 
Pero no, no son dolores lo que se siente en las entrañas. Es una especie de vacío que se llena de emociones, que se manifiesta con un brillo en los ojos y con una sonrisa tatuada en los labios. 
Ajá. Yo sí estoy enamorada. No es casual el peluche rojo tan cursi en el tablero de esta unidad y el corazón de terciopelo con nuestra iniciales colgando del retrovisor. Es que ya viene el día de San Valentín y hay que ponerse a tono con la fecha. 

*La Cordero no se enamora tan fácil. Pero cuando siente mariposas en la panza, primero se desparasita para comprobar que no son lombrices, y luego se deja llevar por el sentimiento. 

viernes, 30 de enero de 2009

Revoloteos en la panza


Tema: Mariposas en el estómago

Solamente dos veces he sentido mariposas en el estómago. La primera fue hace mucho tiempo… tenía tres años. Estábamos en Liga Tranviarios, pues iba a jugar beisbol (sí desde esa edad) y de pronto llegó la sensación de que me revoloteaban decenas de mariposas.

Mis padres no le dieron importancia y pensaron que ese día no quería entrar al diamante, me dormí, y desperté unas horas después, con millones de mariposas tratando de salir.

Luego de un par de visitas al hospital, terminé internado y sin apéndice, aunque con un panda de peluche que me acompañó un par de años más.

La segunda fue cuando iba en secundaria. Tenía que ser amor… seguro era amor. Escuchaba a mis compañeritas platicar que cuando uno se enamora sentía “mariposas en la panza” y eso sentía. Seguro era ella. Se sentaba a mi izquierda y era sumamente hermosa. Sin embargo seguía con las “mariposas” por las tardes, por las noches y los fines de semana que no iba a la escuela... y que no la veía.

La sensación no duró mucho, resulta que tuve una peligrosa y casi mortal infección intestinal que me mandó a la cama por una semana, con inyecciones tres veces al día. Incluso un par de compañeros fueron a casa a visitarme… y a llevarme la tarea.

Desde entonces no quiero sentir a las famosas “mariposas”.

jueves, 29 de enero de 2009

gusanos, mariposas y otros insectos

Lo tengo que decir, no me gustan pero nadita las mariposas. Además de lo cursi que me parece verlas estampadas en diversos textiles o convertidas en broches y prendedores multicolores, me molesta bastante cuando me revolotean por la cara.

De ahí que eso de sentir “mariposas en el estómago” pues no vaya mucho conmigo, en todo caso prefiero decir que “me baila un gusano en la tripa” que al final es casi lo mismo.

La otra parte del asunto es que por alguna razón todo mundo asocia esa sensación con el absurdo estado de enamoramiento, que tiene otros efectos como el de poner cara de borrego a medio morir, sonreír ante las más inverosímiles situaciones e ir por la vida medio amensado.

Pero ahí les van otros momentos en los que, al menos a mí, me bailan gusanos en la tripa (y por cierto, no todos gratos).
  1. Al subir a un avión. Desde que estoy en la sala de espera hasta que me bajo en el destino. Peor aún cuando empiezan las tarugadas de bolsas de aire y turbulencias. Créanme que no me hace la menor gracia
  2. Cuando descubro que la regué… generalmente en cuestiones laborales pero no de manera exclusiva. Siento que se abre un boquete en mis entrañas y aparece no un gusano sino todo un basilisco. Afortunadamente sucede poco
  3. Cuando me hacen subir a cualquier sitio alto, más allá de un sexto o séptimo piso. El asunto es casi como con los aviones… si la conclusión es correcta, lo que no me gusta son las alturas
  4. ¡Al planear las vacaciones! Y no es que la sensación me dure necesariamente todo el viaje, pero la emoción previa de seleccionar el destino, hacer el itinerario, empacar, planear, etc., me emociona muchísimo
  5. Cuando juega mi equipo, casi en cualquier deporte. Ya sea para bien cuando anotan a favor o para mal cuando es en contra. Ni qué decir cuando se les ocurre perder un partido importante. Por cierto, de los peores ataques de bichos en la panza los he sentido en los últimos 10 ó 15 minutos de partidos como el México vs. Holanda en el mundial de Francia o en la serie de penales contra Bulgaria en Estados Unidos
  6. Los minutos previos a que el auto #20 de NASCAR México salga a la pista y todo el tiempo que dura en ella. Esa es una de las emociones que más disfruto y que en ningún lugar se siente como en los pits

Y ¿han sentido las mariposas, gusanos o escarabajos en un micro rebasando en Viaducto? ¡¡¡Pues súbale que le vamos a acelerar!!!

miércoles, 28 de enero de 2009

Y las mariposas.

- Chofer ¿me das chance de tocar una canción?
- Échale pues...


- Vámonos, al fin que ya quedaste.

Ya ven, siempre que me toca conducir el microbus se sube puro vato a cantar rolas.

lunes, 26 de enero de 2009

como una mariposaaaa...

¿Cuántas veces han experimentado ese sentimiento de mariposas en el estómago?


Yo… pocas ocasiones y ahorita vivo algo en ese canal, en el de los dolores abdominales, acompañados de sensasiones extrañas que médicamente no tienen razón de ser. Eso es extraño, me siento de pronto algo tonta porque no pienso en nada, bueno… si de por si… ahora con mayor razón me mantengo solamente flotando en esa nube de felicidad que no se si sea verdadera o simplemente momentánea.
nótese lo rídiculo y cursi de la imagen...

En este momento no se si esa sensación es parte del amor, de los nervios, de la angustia o simplemente de mis ganas de encontrar a ese alguien especial… pero es divertido, me acuerdo de la secundaria, cuando entre los pilares de la escuela intentaba ocultarme del niño que me gustaba…
O de las novelas en las que por causa de algún estúpido narcótico que se desprende en el cuerpo humano al sentir la atracción de un semejante, hacen al protagonista actuar de manera rara, tonta, sonriente y despistada.
Hoy queridos usuarios, no les cobraré el pasaje, estoy muy contenta y espero que disfruten de las canciones de amors que sonarán durante todo el trayecto, ya hasta se me olvidó el tráfico y la manifestación que me retrasó algunos momentos la salida.
Espero que esto se contagie, esta sensación de felicidad que quisiera que fuera eterna, y que me tiene con una gran sonrisa que ustedes podrán ver al subir al Micro.


Pero no estoy segura de que sea amor, el amor no existe, (es un mero pretexto para vender cosas…) tal vez sea gastritis, o una infección intestinal… Pero eso se escucha muy feo, mejor me quedo con las mariposas y no de las monarcas contrario a lo que pudiera pensarse…

sábado, 24 de enero de 2009

Chofi invitado - Sueños y pesadillas

Abrumadora realidad
Texto: La Cordero*
Estimados pasajeros, esta ruta no será muy larga, pero aprovechen para recargar su cabeza en la ventanilla o en el hombro del de junto. Cierren los ojos y duerman hasta llegar a su destino. 
Tal vez les haya pasado. Despertar con el rostro mojado por las lágrimas o abrir los ojos y soltar una sonora carcajada. Lo más curioso de los sueños es creer que aquellas historias que se producen en la mente mientras dormimos pueden ser abrumadoramente reales. 
Han sido varias las ocasiones en las que amanezco llorando inconsolablemente a causa de las pesadillas, esas en las que mi hermano muere atropellado o cuando mi ex jefa me reprende frente a todos mis compañeros del trabajo, entre otras. 
Entonces abro los ojos, respiro profundamente, me hago consciente de que estoy en mi cama y de que todo fue una mala jugada de la cabeza, mientras se supone debería descansar. 
Lo divertido es despertar entre risas. Lo extraño es que, cuando pasa, no recuerdo qué había soñado. Y esos días suelen tener muy buena vibra. 
Alguna vez amanecí con un dolor en el hombro, de lado izquierdo, muy cerca del corazón. Era inexplicable. En algún momento del día, como en un flashazo, recordé que había soñado que me asaltaban frente a mi auto. Que los maleantes me disparaban en el pecho, y que al voltear, la sangre escurría por mi espalda y se pegaba en el cristal y la puerta del vehículo en que estaba recargada. 
Y qué tal cuando despiertas y te saboreas los besos que algún amor platónico te dio, aunque haya sido entre sueños. Cuando imaginas que esos labios besan tan bien, aquellos que has mirado tanto tiempo y deseado probar mientras lo oyes platicarte algo interesante. Pero entonces amanece y te das cuenta de que fue un sueño. Al menos la ansiedad de probarlos se te ha quitado, aunque lo hayas hecho mientras dormías. 
Así que lo bonito de los sueños es que sean una extensión fantasiosa de la realidad y que a veces estas historias se prolongan hasta la conciencia, a menos que se trate de pesadillas, porque de esas quisiéramos despertar cuanto antes y saber que, en efecto, sólo es una producción patrocinada por los traumas, las decepciones y la necesidad de saber que no es verdad. 
No se les olvide, que la bajada es por atrás. 

*La Cordero no es escritora, nomás escribidora. Nomás reportera, esclava de la tecla, tortillera de la información, testigo y protagonista de la vida, narradora de mundos de fantasía y realidad.

viernes, 23 de enero de 2009

De sueños


Tema: Sueños y pesadillas

Desperté con la frente aperlada y el corazón a más de 100 pulsaciones por segundo. El sueño había sido tan real que aún despierto seguía dentro de la dinámica y volteando a todos lados, para buscarla.

Mis sueños siempre han sido así. Puedo sentir las texturas y recordar los colores (aunque algunos digan que se sueña en blanco y negro). Los olores son más intensos que en la realidad. Es como si todas las sensaciones estuvieran aumentadas… al cubo.

Hay días en los que –incluso-- tarareo por horas la canción que fue parte del sueño. Es peor cuando es una pesadilla, pues mi cerebro se involucra más que de costumbre.

Con los sueños siempre hay algo de mí que sabe que son eso, sueños, e incluso a veces puedo alterar, a conveniencia, el rumbo de la historia. Con las pesadillas me siento como un espectador.

Cuando niño tenía ese sueño. Clavaba una y otra vez los spikes mientras giraba los talones y movía los dedos de las manos apretando fuerte el bate. Era como una película, pues había dirección de cámaras… close up a las guantaletas… corte al casco y una mano acomodándolo… corte al pitcher que tomaba la pelota por las costuras… corte a la mascota del catcher… corte al bate comenzando a moverse (en cámara lenta) y haciendo contacto con la pelota.

Contrapicada y la pelota volando hasta vencer la barda del Yankee Stadium… corte a cámara fija y el McCoy corriendo el diamante con el brazo en alto mientras los Yankees salían del dugout a esperar a que pisara el home para festejar el triunfo del séptimo juego de la Serie Mundial.

Aunque tiene años que ya no se presenta ese sueño.

Últimamente he soñado con ella. Con esa tarde/noche en la que recargó su cabeza en mi hombro mientras veíamos la lap en ese café. Sus ojos llenos de brillo y esa sonrisa acompañada de un “¡McCoy!” para que ya no continuara la broma.

Sueño que deja su carro en el estacionamiento y que, por vez primera, quiere compartir el viaje en el rompecabezas… y después despierto, aunque no siempre a tiempo para tomar las llaves de ‘la micro’ y sacar lo de la cuenta.