sábado, 18 de abril de 2009

Abandonos…



Esta sensación es de las pocas que no se recomienda a nadie, algo parecido al hambre, porque sabes que por ahí, en algún lugar, hay comida pero no más no la puedes tener frente a ti y saborearla.

Últimamente tanto en la ruta, como en muchas otras cosas he sentido ese abandono. Perdón dije que no iba a pasar y ahí está de nuevo el microbús parado desde el lunes… por eso lo agarro hoy, en otro día, porque estoy cansada de esperar y creo que ustedes queridos usuarios también y es tiempo de que alguien reaccione.

Disculpa pública por esos abandonos, por hacerlos caminar a pie y entre tanto policía ahora que llegó Obama y sobre todo gracias por estar ahí.

Demandado

La notificación de que había sido demandado llegó de la nada. “Abandono de trabajo”, decía en la parte alta de hoja. No lo podía creer. Era la primera vez en la historia del país, que se daba algo así.

Debía haber un error. No había abandonado su trabajo nunca. Revisó las bitácoras, pues afirmaba ser quien más días de trabajo tenía, y así fue, sin embargo descubrió algo.

No por ser el que más había trabajado significaba que no había faltado. Ahí estaba el registro, con tinta roja: Una falta.

No por una falta me van a decir que abandoné mi trabajo, pensó.

Pero en efecto, por una falta, había sido demandado. Hay personas que faltan más, y nadie les dice nada. Sí, pero justifican su ausencia, la anuncian, piden permiso. Sus preguntas eran respondidas por él mismo.

Los nervios le golpearon, sintió preocupación, después vergüenza. Había fallado. Tomó la corbata del retrovisor, la anudó cuidando la simetría y fue directo al juzgado.

Luego de tres horas de explicar sus puntos, el veredicto: Culpable.

Su condena, poner más atención en su ruta y en su pasaje. Sonrió, esa no era una condena, sino un premio; seguía con trabajo, y justo el que le gustaba. Pero había más, tenía que hacer que las rutas salieran diario… algo tendría que hacer para lograrlo… afortunadamente, contaba con un gran chalán.

jueves, 16 de abril de 2009

La base era un pueblo fantasma.

Era una mañana de miércoles en el patio donde guardamos las unidades. Se me hizo bien raro que no estuviera ahí el señor checador de las corridas y que pues francamente tampoco hubiera pasaje esperando. Le di jale al micro para empezar a rolar por estas calles en busca de pasaje (y de nuevas aventuras). Me puse en la parada esperando a que cayera alguien a quién llevar.

Neta que era bien raro eso de que no hubiera ni un solo cristiano por ahí, o sea, pus no era fin de semana, la semana santa ya había pasado y pus no era una hora como para que la gente ya empezara a escasear en la parada, pero pus bueno, ahí estaba haciendo tiempo, a ver que caía. Y pus nomás nada.

Así estuve esperando como dos horas cuando se acercó un anciano al cual le dije: ¡súbale hay lugares! Me dijo: ¿No vamos a esperar a nadie más verdad? - ¡Nooooooooo Don!, ya nos vamos, nomás estaba haciendo tiempo pero pus no hay pasaje y no veo ni a otros microbuseros ni a nadie.

Me dijo: Este lugar poco a poco se está volviendo un pueblo fantasma, ya casi no vienen las vueltas del microbús por acá, dicen que unos conductores han encontrado otras chambas mejores que esta y pus lo han dejado en segundo plano, otros como que ya les dio flojera porque pues no hay como que mucho seguimiento a la ruta. Luego la indecisión si que la ruta debía tomar unas calles u otras y pues eso ha hecho que poco a poco mermen las personas.

- No pus está medio cabrón. De hecho no se crea, yo también luego no le he metido a la ruta, me conseguí una chambita por fuera y pues me doy vueltas extemporáneas o a veces ni la vuelta me doy. Yo creo ha de ser eso Don, que pus las otras chambas absorben harto tiempo y ya no hay chance darse un rol por acá. ¿Dónde me dijo que se bajaba?... ¿Don?, ¡a cabrón!

Cuando voltié para cobrarle el pasaje el Don ya no estaba. Nomás puse el radio y seguí mi camino. En el radio sonaba:


Pa' mi que el Don era una alucinación de esas que te hace ver la calor cuando está muy canija. ¿O ustedes que creen?

sábado, 11 de abril de 2009

Un buen oficio


Tema de la semana: Trabajo

Manejar del sur de la ciudadmasgrandeybelladelmundo a Aguascalientes en cuatro horas y 20 minutos para llegar a mi trabajo demuestra el amor que le tengo.

Este viernes fue lo que hice. Y no es para menos. Para mí, el oficio con el cual me gano la vida cuando no estoy detrás del volante del micro, es algo tan habitual y placentero como comer.

No importan las horas de entrada ni las de salida… si pasaré un día fuera de casa o 10 meses fuera del país. Si hay que manejar cientos de kilómetros o volar por días.

Simplemente no entiendo a aquellos que lloran por no ver a su familia por estar trabajando. Me dan ganas de golpearlos, decirles que no sean mariquitas y que se comporten como hombres, que están ahí para ganar los ameros con los que su familia come, y que si no les gusta, pues que renuncien y se vayan a casa.

No quiere decir que no los recuerde… lo hago, pero entiendo que el trabajo, al menos el que escogí, es sagrado.

Una vez desperté en una habitación de hotel sumamente sobresaltado. Mi compañero de cuarto y de profesión se dio cuenta y me preguntó qué tenía.

-- ¿Dónde estamos?

-- En el cuarto, ¿estás bien?

-- Ya sé que en el cuarto y es un Hilton, todos son iguales, y ya sé que estamos de gira, pero ¿qué ciudad es? ¿qué carrera es?

-- Chicago wey, es Chicago…

-- Gracias… creí que era Wisconsin…

-- No esa es la que sigue… mañana nos dicen si volamos directo o regresamos a cambiar maletas… ya duérmete wey…

Y me dormí, sin darle más importancia; él tampoco lo hizo. No le causó extrañeza… tal vez él lo había sufrido antes.

Ese es nuestro trabajo… y lo amamos. No sólo es el que escogí, sino el que traigo en la sangre… lo que sé hacer.

Así que me retiro, que me voy a la pista… sí, a “trabajar”.

jueves, 9 de abril de 2009

Chalaneando extenporáneamente.

Me tocaba sacar la unidad el miércoles pero por sacar una chamba que nada tiene que ver con la conducida y sí mucho con otras ondas lo dejé en la pensión. Eso no quita que hay que sacar pa' la chuleta en la chafireteada.

Si bien ya son vacaciones de santa semana y el tráfico está requetechicles bomba para meterle a fondo al acelerador hay que aclarar que pus así que digas que tanto pasaje ahí pus no.

Andábamos ya en esas dispuestos para sacar lo de las refacciones que le bajaron el otro día a la unidad cuando, como les decía el pasaje andaba flojeando. En una esquina se subió un tipo acongojado, me pagó su respectivo pasaje y todo, pero para variar me agarró confianza.

Ya en la plática de pronto me contó que estaba a punto de casarse y que aunque la mayoría de las cosas las había pagado de padrinazo, pues como que no le alcanzaba pa'l bododrrio. Para empeorar la situación lo habían quitado de la chamba por recorte de personal y pus nomás no veía cómo. Que de ésto le había platicado a su suegro pa' que le hiciera el aliviane pero pus que niguas. Y de pronto la conversación agarró ritmo y sabrosura, platicándome...


Apenas se va a matrimoniar y ya trae broncas de chamba y de lana, pobre carnal. Se bajó todo tristón en una de esas tiendas que somo como bancos y que te prestan varo en apuros. Ya nomás me quedó decir: Tsssssss...

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Una disculpa queridos lectores, afortunadamente la chamba no me ha dejado postiar como se debe, pero de que el compromiso está, ¡está!

más de cien mentiras

No sé que hay en el aire que se siente un cierto desencanto generalizado. Hasta al micro le andan rechinando los frenos y tronando los cambios.

Ya nuestra muy querida operadora de los lunes se desahogó con el pasaje, el de los martes… bueno ese trae una ilusión que lo tiene en las nubes (ha de ser la excepción que confirma la regla) y hasta el chalán de los miércoles se nos perdió.

Total que dado el ambiente, al que confieso que tampoco soy ajena, se me ocurrió ponerme a pensar en las cosas que, en los peores momentos, son capaces de arrancarnos una sonrisa, levantarnos de la cama y pensar que al final todo vale la pena.

Joaquín Sabina hace un largo recuento de lo que él llama “más de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de tajo las venas. Más de cien mentiras que valen la pena”. No sé si sean mentiras, tal vez son nimiedades, y prometo no llegar a las 100 porque no hay ruta que aguante… pero acá algunas de esas cosas que para mí, valen la pena:

  • Los amigos, los de verdad. Esos que se convierten en la familia que tú eliges y no la que te tocó. Los que igual no ves en meses o años, pero aparecen en el momento preciso. Con los que vas a echar una chela, a ver el futbol, de viaje o nada más te mandas un mensajito con una mentada de madre que, en el fondo, sabes que se traduce en un inmenso cariño
  • Una buena taza de café. Aromático, calientito, recién preparado. Si se puede tomar todavía en pijama y descalzo aún mejor. Es un elixir que parece abrir los horizontes y las neuronas
  • Un libro. En un parque, un cómodo sillón, una banca o una terraza. Donde sea porque al final, te va a trasladar a otro mundo, otra época, otra historia
  • Una cámara fotográfica y cualquier horizonte. La posibilidad de fragmentar la realidad en pequeños cuadros, que digan sólo eso que queremos ver. ¿Se han fijado que un mismo encuadre, retratado por dos fotógrafos, puede decir cosas muy distintas?
  • Un buen auto y una larga carretera. Una muy variada selección musical y horas de trayecto. Puede ser con un claro destino o sin él. Sólo por el gusto de sentir la libertad y el poder de decidir hasta dónde llegar
  • La adrenalina que acompaña a cualquier deporte. Puede ser el desahogo de rematar un balón con toda la fuerza mientras te sostienes en el aire. O el verlo estrellarse en la red al fondo de una portería mientras el arquero lo mira con desesperación. O el grito en los audífonos de “¡verde!” que marca el inicio de una carrera en la pista, hasta un rebase espectacular en los últimos metros antes de ver la bandera a cuadros
  • Viajar. Por gusto, por trabajo, por obligación. Solo o acompañado, con amigos o colegas. Cambiar de aires, conocer otras formas de vida, otras culturas. Extrañar tu regadera o tu cama y volver a ellas como si fueran la tierra prometida
  • Un abrazo. Y sobre todo lo reconfortante que resulta después de un trago amargo, viniendo de esa persona, que puede hacer que todo parezca mejor. Claro… los abrazos colectivos y los fraternales también tienen una especial dosis curativa

La verdad es que así le podríamos seguir, lo cual me hace pensar que al final hay tantas cosas que valen la pena, que nunca sobra un esfuerzo adicional por levantarse y seguir adelante.

Querido pasaje (y compañeros operadores) espero que en los próximos días “de recogimiento” encuentren estas y muchas otras cosas que les dibujen una sonrisa en el rostro y que les ayuden a darle pa’lante.

lunes, 6 de abril de 2009

Se nos murió el amor...

¿Les ha pasado que lo que más les gustaba hacer perdió la magia? A mi si y me está causando un gran conflicto.

Porque pensar en la crisis, me ha impedido mandar al carajo a ciertas personas que con su actitud hicieron que lo bonito de mi trabajo se muriera y con eso, las ganas de seguir en este lugar.

Por eso no he podido subir al volante del microbús, por políticas que ahora solamente invaden mi cabeza y me atosigan de un trabajo que no me gusta hacer y en el que me tienen a fuerzas, así literalmente según lo marcan las disposiciones de mi contrato, según me dijeron…

Ojalá que pronto pueda decidir (dinero vs tranquilidad)… y si ustedes tienen un consejo, bienvenido porque esto es algo parecido al infierno…



Y finalmente y no por eso menos importante, una gran disculpa por todo el gremio… Tal vez el trabajo o simplemente la falta de tiempo han impedido que estemos dándole al Micro… pero eso no volverá a pasar…