sábado, 28 de marzo de 2009

de patadas, remates y algo más

Pues por mucho que me guste mi oficio tengo que reconocer que es un poco ingrato a veces, razón por la cual el jueves no me encontraba en condiciones de parlotear, como se debe, de uno de los temas más apasionantes de mi vida.

El deporte pasa por todas las facetas de mi personalidad.

  • Mis recuerdos de infancia, cuando tenía apenas 6 años y mi padre me llevaba a los partidos de Cóndores o Pumas en CU. Y más adelante cuando pude correr en la legendaria pista de tartán
  • Mis sufrimientos absurdos e incomprensibles cuando pierde mi equipo o eliminan a la selección. Si llego a llorar en esos casos y ¡qué!
  • Mi salud física y mental. Con decir que el gastroenterólogo dijo que el único remedio contra mi colitis nerviosa es ir al gimnasio y reventar balonazos en una cancha de volley ball
  • Mis ratos de convivencia con amigos, familia y marido. ¿Cuántas parejas conocen que festejen su aniversario con una apuesta en el estadio?
  • Mi momento de frustración cuando dije que iba a trabajar en deportes y un “querido pariente” me dijo que no tenía futuro en eso
  • Y hoy, una de las partes favoritas de mi trabajo, que no sé ni cómo me hizo hundirme hasta el cuello en un equipo de automovilismo que ya es hasta como mi familia (no que no la hacía primo!!!)

Por todo lo anterior me molestan terriblemente cosas como banalizar la práctica deportiva y considerarla una pérdida de tiempo o desvío de recursos, o la hermosa teoría de que deportes como el futbol y el automovilismo son para hombres, asumiendo que por ser mujer una no puede entenderlos. Imagínense la cantidad de pelitos que me he aventado al respecto.

Pero creo que sobre todo me molestan los villamelones. Esos que de un día para otro son fanáticos y expertos, que se sienten con la autoridad de opinar, criticar, destrozar, despepitar, pero que nunca han sentido de verdad el nudo en el estómago o la explosión de adrenalina de un gol, un remate, un saque as, una canasta de tres puntos en el último segundo, el tercer out de la novena entrada, un rebase o una bandera a cuadros.

No sé si sólo dentro de una cancha se pueda vivir la auténtica emoción. Digo hay muchas de las cosas anteriores que nunca viví en carne propia pero que me arrancan un grito o una lágrima (para el tenis siempre fui pésima y no me han dejado manejar un auto en la pista). Pero sí estoy convencida de que no puedes entender, criticar, disfrutar o despedazar los deportes si no has practicado al menos uno de ellos.

Así que esos exquisitos que hoy critican según para donde sople el viento, primero rómpanse una pata, dejen un cacho de piel en el tartán, traguen arcillan o reciban un furioso remate en mitad de la boca. Entonces se vale hablar.

Triste caso, cuando a esos sujetos la vida les ha puesto una pluma en la mano o un micrófono en la boca y entonces, creen que además tienen la autoridad para formar opinión.

Pero bueno, luego me andan regañando por parlotear de más, pero pos la neta de deportes puedo hablar todo el día, ¡toda la vida!

Pa’ terminar, arriba el Monterrey y nos vemos el 12 de abril en Aguascalientes con el #20 de Nascar México…

viernes, 27 de marzo de 2009

Déjenlos en paz

Tema: Deportes

Creo, ciegamente, que el deporte consigue la reivindicación de la raza humana. Luego de ver las cosas monstruosas de las que son capaces los humanos, el deporte es lo que los salvará.

Estoy ligado a los deportes desde antes de nacer. Nunca he estado separado. No podría imaginar mi vida sin ellos. Tengo la oportunidad de que hasta en mi trabajo, sigo en deportes.

Es por ello que me molesta demasiado como, los aficionados, tratan al deporte. No lo tratan como el deporte a ellos. Y hay un tema en particular que me molesta demasiado, y esa es la cacería que se realiza sobre los deportistas que solo hacen lo que les exigimos.

En los años recientes los aficionados les hemos exigido de más a las estrellas. Queremos que sean más fuertes, que salten más alto, que metan más jonrones, que diario hagan una gran atrapada.

La calidad la tienen, y pueden hacerlo. Pero los huesos y los músculos no resistirían el hacerlo, a ese nivel, diario.

Queremos que ese receptor de la NFL, todos los juegos, nos regale esa gran atrapada. Queremos que ese jugador corra de segunda a home; que el jardinero salte y robe el jonrón.

Exigimos que hagan el Tour de Francia en menor tiempo. Nadie, en condiciones normales, podría pedalear tantos kilómetros a ese ritmo. El desgaste de un tenista es brutal. Avión, calificación, cinco partidos de más de tres horas, avión, otro torneo.

Y es entonces cuando necesitan tomar esa sustancia que les evite el morir. Y lo hacen. Y juegan. Y nos cumplen los caprichos. Y saltan más alto. Y corren más rápido. Y terminan el Tour sin morir en la montaña. Y hacen la recepción del pase de touch down. Y nos enteramos de que hicieron “trampa”. Y los quemamos en leña verde.

Lectores, la sustancia no les da el talento, ni la habilidad, ni el orgullo, ni el amor propio... con eso se nace… La sustancia solo les permite jugar diario, el estar listos para que nos regalen la magia que Dios les dio por nacimiento.

Un home run no se pega por fortaleza (sólo quien ha jugado lo sabe). Una sustancia no te hace que le pegues al balón de tres dedos, haga chanfle y se clave en la portería. Eso solo evita las lesiones, para que, nosotros que exigimos el máximo desempeño diario, podamos disfrutar.

Ya basta de crucificar a quien toma sustancias que nosotros les exigimos que tomen. Si queremos que dejen de tomarlas, entendamos que pasarán cuatro meses en recuperación de esa lesión, en lugar de un mes.

No nos molestemos si no pueden jugar diario y necesitan estar en la banca dos veces a la semana para descansar. No les exijamos que no se cansen.

Disfrutemos las jugadas que nos regalan, y sobre todo, seamos coherentes.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Se subió la porra.

Tema: Deportes.

Simón simonazo banda. Pus acá el microbús empezó a dar el rol con su seguro servilleta al volante. Después de dejar a una reluciente banda tropical en las puertas de su trabajo, este microbus decidió agarrar camino para sacar pa' la chuleta. Andábamos por los terrenos de CU cuando a lo lejos se empezó a escuchar un cántico en masa.

Era una multitud de personas vestidas con playeras de azul y oro. Venían con tambores y trompetas. Las caras pintadas y pus ahí estaban brinque y brinque. Viendo semejante cantidad de gente me apresuré a ofrecer mis servicios de transporte con la esperanza de que semejante cantidad de personas me ayudaría a sacar lo de la vuelta. Equivocado estaba valedores.

Efectivamente rellenaron el microbús hasta por las ventanas, se fueron colgados de mosca y en una de esas hasta se fueron en el techo. Hijos de su cachuna cachuna madre, no me pagaron ni un sólo centavo, se hicieron los pretextuosos quesque a los estudiantes no se les debería cobrar nada (¿cuáles pinches estudiantes? ¡puro paria!) y por si fuera poco me grafitearon toda la unidad.

La bola se bajó en las inmediaciones de Coyoacán y no pude defender. Aunque uno sea gandalla, no le puede hacer frente a más de 40, eso que ni que. Al parecer venían de un partido de fútbol porque los muy cabrones venían cantado en coro esta porra que dice más o menos así:


Y así como aparecieron todos en bola y cantaban a lo lejos, se bajaron en chinga y desaparecieron en las oscuras inmediaciones de los viveros de Miguel Ángel de Quevedo con un silencio que sólo rompía el aire.

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Nota: Desde atrás de este volante se deja un sentido pésame para todos aquellos fans del "Ratón Macías". Hábil pugilista nacional que hizo historia en lo que sabía hacer mejor, o sea dar catorrazos. Al fin y al cabo, todo se lo debía a su manager y a la virgencita. Hoy ya descansa al lado de la Guadalupana.

sábado, 21 de marzo de 2009

La peor de las crisis

Tema: Crisis.

Para los que vivimos del oficio más hermoso del mundo, el atravesar una crisis puede ser mortal, angustioso, desesperante y desesperanzador.

El sufrimiento era mayor hace unos años, antes de que el uso de computadoras fuera tan normal como el tomar agua.

Recuerdo mis primeros días en El Economista. Aún estaba en la Septién y tenía una columna los martes, es decir, los lunes tenía que entregarla, y por lo general, comentando la actividad del domingo.

Cuando había Gran Premio o cualquier competencia era sumamente sencillo el cumplir con la encomienda, pero cuando no había carrera, comenzaban los problemas (para un inexperto reportero, pues hoy sé que hay miles de salidas y soluciones).

Lo peor que me podía pasar era enfrentarme a la imponente hoja en blanco. Desde que la tomaba y la metía a la Olivetti mi mente comenzaba a viajar y dar vueltas. Ahí estaba… intimidante, esperando que comenzara a pegarle a las teclas para que el sistema de palancas dejara marcadas, gracias a esa sucia cinta, las palabras.

Las frases no llegaban. Y no era como ahora, que pones una palabra, y te puedes regresar y la borras y la editas y pasas el párrafo para abajo y lo suprimes completo y le das “copy-paste”… no, si pegabas a esa tecla, se marcaba y no había marcha atrás.

Una equivocación llevaba a arrancar la hoja, arrugarla y echarla al bote de basura. No había lugar al error.

Malditas crisis creativas. Malditas crisis literarias. Malditas crisis periodísticas. La peor crisis del mundo.

Pero así era, y que bueno que así fuera. Gracias a eso, hoy puedo redactar lo que me venga en gana aún sin tener la idea clara. Las palabras se siguen una a otra, se unen, se hilan, se aman.

Si Dios permite que --por la razón que sea-- regresemos a esos tiempos, yo no tendría empacho. Regresaríamos a la presión que mueve a los que escogimos el oficio más bello del mundo, esa que las nuevas generaciones no tienen, ni tendrán idea.

Gracias a ella, los que la vivimos, podemos hacer un texto, como este, en apenas ocho minutos. Malditas crisis… benditas crisis.

**Esta corrida no pudo salir en viernes, debido a que me traje “la micro” a Puebla para ser parte del Campeonato Mundial de Autos Turismo (WTCC). Ofrezco una disculpa, ojalá que la espera haya valido la pena.

jueves, 19 de marzo de 2009

la crisis

He escuchado cualquier cantidad de versiones y opiniones sobre la crisis. He visto gente azotarse contra las paredes y gente resignándose a que es una más.

Por alguna razón, tengo clarísimo el recuerdo de aquella terrible devaluación del ’94, vaya no del hecho en sí (creo que ese, toda una generación lo tenemos) sino del momento en que se dio a conocer la noticia. Estaba con mi familia de vacaciones en Mérida, mis papás, mi hermano y yo estábamos todavía cada quien colgado en su hamaca amaneciendo. Un par de días después mi hermano volaba a Houston a comprar todo el equipo para abrir su estudio de grabación. Se imaginarán su reacción cuando supo que los ahorros que tenía se reducían directamente a la mitad.

No sé si por necedad o por no tener un plan B, igual se fue, compró el equipo y abrió su estudio. Tenía 20 años y estaba decidiendo empezar su vida profesional, justo en medio de la peor crisis en la memoria de México. La verdad es que le resulto bastante bien, claro que le costó un poco más de trabajo pero al día de hoy sigue viendo los buenos frutos de ese aciago inicio.

Ahora, como si el sujeto persiguiera las crisis (o al revés) se le ocurre irse a vivir a Miami e iniciar un negocio allá cuando la debacle financiera se gesta en ese país. Cuando le dije que estaba loco o que le gusta eso de vivir emociones fuertes me respondió: para los chinos “crisis” es lo mismo que “oportunidad”. Eso sí, con una convicción que estoy segura que otra vez le saldrán bien los planes.

Supongo que eso de que “las crisis son una oportunidad” lo hemos escuchado todos mil veces en los últimos meses. El secreto está en creerlo y ponerse a actuar en consecuencia.

Por cuestiones laborales me ha tocado seguir, analizar y desmenuzar esta crisis por muchos ángulos. Incluso jugarle a las proyecciones hacia los próximos meses y sigo pensando que el resultado en buena medida es una cuestión de actitud.

Vi hace poco una entrevista realizada en el programa “Mujeres en el Risco” a Enrique Campos donde le preguntaban si la gente debía dejar de gastar y guardar hasta el último centavo. Su respuesta, la más inteligente que he escuchado fue: que cada quien evalúe su situación personal. Si ves que tu empresa está estable, que tu trabajo no corre riesgo y que tu círculo cercano no se ha visto directamente afectado, sigue haciendo tu vida como hasta hoy. Quizá no sea momento de hacer una fuerte inversión (y reitero… quizá) pero tampoco de guardar el dinero bajo el colchón. Su razonamiento era el siguiente, si una persona deja de comer en un restaurante una vez a la semana tal vez no sea grave. Si un millón de personas dejan de comer en un restaurante una vez a la semana ese restaurante va a quebrar. De ahí se desprende una cadena de falta de liquidez, desempleo, etc.

Y entonces me recordó a quien dijo que la raíz de las crisis es el miedo…

Para rematar (y tratar de dejar claro mi punto) les dejo esto que recientemente me mandaron de Gabriel García Márquez cuando decía “Algo muy grave va a sucederle a este pueblo”. Creo que expone muy bien el punto… y que sería absurdo ponerme a tratar de interpretar a un maestro.

Y pos como esta corrida se nos puso trascendental… a darle al cilindro que si no ¡capaz que la crisis nos rebasa por la derecha!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Crisis.

Tema de la semana: La Crisis.

Pus ya de nuez piloteando el microbús. Estábamos en esas donde agarramos de nuevo patín pa' recoger pasaje y sacar pa'la chuleta, lo de la vuelta, y lo de la gasolina que ya se me estaba acabando. Y yo con nomás diez varitos de cambio en la marimba. ¡Vale queso! Lo bueno que a estas altura ya era el horario de la corrida de la noche y podría aplicar la de subir la tarifa al doble socorriéndome del horario.

Ahí estaba. Gente que me hacía la parada y eran un chorro. Fácil eran como 12 y traían bultos. "De aquí soy", pensé. Con este pasaje empieza la buena racha pa' sacar el varo que me hace falta. Con esta banda al menos les cobro por cabeza y flete. ¡Cámaras!

El que los encabezaba era un valedor con mostacho de galán, greña a lo yisuscraist, gafa oscura (cruda segura) y overol como tacuche de gala. Sus demás compas iban bien ataviados con lentejuelas en la solapa, pantalón planchado, corbata de moñito y zapato de charol a lo baila mi rey. ¡Cámara, la tropa era una banda muscial!

Se subió el valedor que parecía una versión similar (o sea, lo mismo pero más barato) de Mariobros y me la cantó derecha la flecha.

- Que transa la banda. Mira, nosotros somos un grupazo tropical y tenemos que ir a chambiar a un show cómico-mágico-y musical acá a la Vincent Guarrior. Estoy viendo que pus no trais pasaje, tons mejor préstanos tu servicio de llevarnos hasta el tugurio en donde que tenemos que chambiar y te damos una feria extra. ¿Cómo la beisbol?

- Va, va, va, me late chocolate cuate, va, va, va.

Ya subieron sus instrumentos y toda la onda. Íbamos bien chéveres y hasta nos pusimos a armar la guaguara. Me dijo este carnal:

- ¿Qué transa, a poco empiezas a rolar a esta hora?

- No carnal, pus es que andaba acá y allá y pus nomás la cosa no ha jalado. Ton's pus ando dándome otra vuelta pa' sacar varo y pus hasta orita que jalaron ustedes es con lo que me voy a persinar. Está cabrón porque tengo que sacar varo para un chingo de cosas y el varo no'más no alcanza. Ya sabes todas esas cosas que dicen en la tele, quesque la crisis, quesque el dólar sube, quesque el peso baja, quesque nomás ni pa'tras ni pa'lante.

- ¡Está canijo mano!, eso de la crisis está bien duro. Está tan cábula que por eso le pusimos así al grupo.

- ¿Cómo?

- Pus la crisis.

- Aaaah, te cae.

- Simóooooooon. ¿O no banda?

Todos en corito silbaron: Fiiiii fiiiii. (O sea cuando dices que sí, pero silbando).

- Está chicles bomba el nombrecito. ¿Y qué, chambean en el guateque , o que?

- Por su pollo es Knorr suiza. Tocamos pura música para armar el bailongo, arrastrar la chancla y armar el arrimón. Rolamos en diferentes tugurios de esos en donde por veinte varitos sacas a bailar a doñas gordas y por otros veinte se te sientan en las piernas. Pero pus ahí no acaba, tocamos en fiestas de vecindad, quinceaños, bodas y bautizos. Ya sabes, acá, pura música versátil.

- ¡Épale!

- Mira carnal, yo sé que la cosa está bien ojeis y que hay que darle duro a la talacha. Nosotros nos vamos a aventar la desvelada tocando para ganar unas cuantas monedas, pero pus aunque hay que darle macizo, hay que verle la cara amable a las cosas, agarrarle el gusto al susto y pus pasártela lo mejor que se pueda. Es más nos vamos a reventar una canción y sirve que ensayamos... 1, 2, y 1, 2, 3...


Ya llegamos a un salón de baile en plena Guerrero. La noche iba para largo, para estos valedores y pa' su seguro servilleta. Bajaron sus instrumentos y me pagaron un buena lana con la que al menos ya sacaba para la gasolina. Este carnal se despidió diciéndome:

- Pus ya te la sábanas. Que'sto, que'lotro, que la crisis, que'l dólar. Tú nomás pásatela chido.

Siga con nosotros en las aventuras del microbús. ¿Qué pasará en nuestro próximo episodio?, ¿bajará el diesel?, ¿bajara de peso el secretario de hacienda Carstens?, ¿bajará el jitomate?, ¿bajará el Necaxa a primera A?... Aunque lo más seguro es que todo suba excepto el Necaxa, no se pierda nuestra siguiente aventura. De seguro no la pasaremos chido chido.

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Nota acá entre bloggers: Dado los términos fijados el Mc-ulai Kulkin, creo que me toca poner el tema de la semana. Bueno, pus ahí'stá. Saludos a todos los bloggeros de este microbús que seguro están atorados en diversas actividades. Queridos lectores descuiden, pronto volverá a haber continuidad. Bueno, eso de "pronto", es en realidad muy relativo, pero la lucha se hace.

viernes, 13 de marzo de 2009

Ave María Purísima...

Tema: Confiésome padre...

Sabía que lo que hacía traería problemas, pero no le importó. Se dejó llevar a sus labios y a su pecho. Se enredó entre sus brazos y sus cabellos. Sintió placer, demasiado.

Sin embargo, en su mente se venían las comparaciones inevitables. Los labios eran casi iguales. Incluso, a veces, besaban de la misma forma. Las uñas en su espalda parecían una repetición de lo vivido unas semanas atrás.

Lo peor, la respiración y los quejidos, eran idénticos. Cerró los ojos y se dejó llevar. Finalmente, era el peligro de estar con hermanas.

Pensó que con tres Padres Nuestros y un Ave María todo quedaría en el pasado, olvidado… mejor aún: perdonado.

--No hijo, no es tan fácil… se escuchó en el obscuro confesionario. Yo podría darte esa pequeña penitencia, pero no sería lo justo.

--Estoy arrepentido…

--Tu penitencia será más grande… hasta que Dios no te perdone… no estarás tranquilo…

Pero como confía en que Dios perdona todo, es fácil encontrarlo --cada semana-- en el confesionario... siempre en espera de una nueva penitencia.